En una mañana clara de otoño, Morgana observó cómo un rayo de sol atravesaba las alas de una mariposa posada en un fruto. El destello era tan puro que parecía contener toda la esperanza del bosque. Ella recogió ese instante, y de él nació Aeryelle.
Quien lo guarda descubre la ligereza del alma, la capacidad de elevarse incluso en tiempos de sombra. Aeryelle recuerda que la belleza es fugaz, pero deja huellas eternas en quienes saben mirar. Y cada vez que el viento sopla con dulzura, parece que cientos de alas invisibles acompañan al portador en su camino.