Hace mucho tiempo, cuando los dioses aún caminaban entre los hombres, vivía Perséfone, una joven tan luminosa como la primavera. Era hija de Deméter, la diosa que hacía crecer los campos y llenaba la tierra de vida.
Un día, mientras recogía flores en un prado, la tierra se abrió bajo sus pies. De las sombras surgió Hades, señor del inframundo, que la tomó consigo y desapareció en la oscuridad.
Deméter, al darse cuenta de que su hija había desaparecido, sintió un dolor tan grande que dejó de cuidar la tierra. Los campos se secaron, las flores murieron y el frío llegó al mundo.
Al ver el sufrimiento de los humanos, Zeus ordenó que Perséfone regresara. Pero había un problema: ella había probado unos granos de granada del inframundo, y eso la ataba a ese lugar.
Así, se llegó a un acuerdo. Perséfone pasaría parte del año con su madre y parte con Hades.
Desde entonces, cada vez que Perséfone vuelve con Deméter, la tierra florece y llega la primavera. Pero cuando regresa al inframundo, la tristeza de su madre cubre el mundo… y llega el invierno
«Lo que desciende a la oscuridad, no muere. Aprende a florecer desde las raíces.»
